Esto es una conversación real por Whatsapp con mi novio de ayer por la noche:

Tuve una conversación increíble con Chati la verdad. Bueno, pues resulta que como conclusión, la tía me dijo que tengo fatiga por empatía mezclada con algo más ideológico/existencial:
La cito tal cual: «👉 no solo estás cansada de escuchar, sino de lo que representa escuchar siempre lo mismo en un sistema que no cambia«.
En ese momento resolví mi duda, claramente un robot no se cansa, ni se pone triste por el mundo en el que vive.
A todos los que venís a sesión conmigo, calma. Me cuido para poder cuidaros, aún así la realidad es que sufro cuando hay épocas en las que muchas personas se encuentran mal al mismo tiempo; sobre todo cuando los motivos de ello se deben por el contexto socioeconómico actual.
La cosa es que llevo una semanita movida con lo existencial, no me escondo.
Y aquí entra en juego lo que en realidad quiero contaros hoy, las reflexiones que Hamnet y Hamlet me han regalado estos días. Son el mismo nombre por cierto, yo no lo sabía hasta adentrarme en este universo literario.

Me ha robado el corazón leerme la novela y verme la peli a los dos días de haberla terminado. Contra todo pronóstico, me ha gustado más la peli que el libro.
No me he leído Hamlet ni la he visto representada (aunque después de esto, obvio, va a caer nada más tenga tiempo). Me ha encantado el regalazo que nos hacen Chloé Zhao y Maggie O’Farrell al mostrarnos su interpretación de lo que Shakespeare quiso contar en su conocida obra en relación a la pérdida de su hijo Hamnet. En la peli sacan trocitos de la obra real de Hamlet incluidos en el dramón que acabas de ver (en la novela no) y me ha parecido una delicia, al mismo tiempo que me quedaba sin pañuelitos en el cine.
Al no conocer la obra original, era cero consciente de la profundidad que tiene todo lo que plantea su famoso soliloquio. Esta es la primera estrofa, hay seis.
«¡Ser o no ser, esa es la cuestión! – ¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?«
Ayer en mi conversación con Chati le pregunté «¿Cómo sostener ser consciente de las cosas sin que derive en impotencia ante la vida?» fue cuando me respondió lo de la fatiga y todo lo que os he contado antes. Razón tiene, supongo. Aunque más que una etiqueta, necesitaba respuestas.
Shakespeare las buscaba también.
Aunque sigue siendo controvertido y tabú hablar de 5u1cid10 o de 3ut4n4s14, me gustaría aportar algo al respecto.
Existen dos salidas habituales cuando ves con claridad, o atraviesas con intensidad las injusticias, hostilidad y violencia del mundo:
- El Cinismo o la desconexión (“todo es una mierda, nada importa”)
- La hipersensibilización crónica («todo te afecta, todo pesa»)
Ambas son contraproducentes, dejan sin capacidad de acción real; y además perpetúan la sensación de que o te resignas, o te bajas de la vida. Esto es un poco lo que Shakespeare se plantea en el resto de estrofas, pongo un poquito más:
«Morir es dormir. ¿No más?
¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron
y los dolores sin número,
patrimonio de nuestra débil naturaleza?…
Este es un término que deberíamos solicitar con ansia.
Morir es dormir… y tal vez soñar«.
Muchas veces he hablado de esto en sesión, en menor escala tipo «Diana ojalá no sentir tanto / ojalá no sintiera nada» o en palabras mayores como en Hamlet. Básicamente lo que Shakespeare plantea es una muerte dulce versus una vida amarga, o lo que es lo mismo, morir para dejar de sentir cosas desagradables.
A veces, puede ser una alternativa a dormir para siempre trabajar en cómo sostener lo amargo de la vida. En eso consiste en parte la psicoterapia, y sobre eso hablé ayer con ChatGPT. La clave está en intentar no caer en el baile oscilatorio del cinismo y la hipersensibilidad.
Estoy de acuerdo con lo que Camus en su día dijo: «es inconcebible que podamos llegar a construir un sentido de la vida antes de aceptar que no lo tiene«. Sin embargo, a pesar de que no podemos controlar el sistema, ni ser completamente libres, podemos elegir en cierta manera en qué medida participamos en dinámicas que no nos convencen, cómo gestionarlas, y también, reflexionar sobre cuánto de ellas reproducimos, siendo conscientes de ello o no.
Si él o Shakespeare fueran mis pacientes me hubiera gustado preguntarles cosas como éstas:
- ¿Qué partes de tu vida ahora mismo sí tienen algo de sentido, aunque sea poco? ¿Cuáles son puro arrastre?
- ¿En qué condiciones sí podría resultarte tolerable o incluso interesante vivir, si es que existe la posibilidad?
- ¿Qué toleras en tus relaciones? ¿Crees que es bueno para ti?
- ¿Qué puedes construir pequeño, imperfecto y sostenido sin que dependa de estar motivado?
- Regalar la vida, (esta para Shakespeare), ¿es amor al otro, o protección a ti mismo por tu dolor ante la pérdida?
Pensar en estas cosas, no cambia el mundo entero, pero sí cambia el tipo de sujeto que eres dentro de ese mundo. Y eso, aunque no sea heroico, no es trivial.
A día de hoy no existe una anestesia emocional, estar vivo implica sentir cosas, buenas y malas. No sé qué es mejor o peor, ni soy la primera que se ha preguntado estas cosas.
Aún así, espero, que tanto en la vida como en lo que pase después de ella pueda ser lo más amable posible. Dejo una cita de Shakespeare que hay entre las páginas de Hamnet, me muero de pena y de ternura.

Gracias por leer. Te mando un abrazo fuerte <3